Siurad y Roberto

Siurad y Roberto

Los vi atravesar la callejuela que desemboca en La Madriguera, era noche de metal. T-shirt, manillas con pinchos, botas definitivas; por supuesto, guitarras distorsionadas y voces guturales también serían el sedimento que formaría el delta de la noche friki.

Dos veces estuve cerca y las dos retrocedí. Roberto impone; al final me decidí y los abordé . Ella, Siurad, con su sonrisa grandísima y esa personalidad sin barreras, me allanó el camino. Un tiempo después estaba en Bauta, en el cuarto de Siurad y Roberto, haciéndoles fotos para mi proyecto.

Cuando llegué, Roberto estaba en su taller cogiendo el ponche a una bicicleta. Me recibió con su rostro cerrado aunque debo aclarar que no te hace sentir incómoda y a su manera te da la bienvenida a su casa. De todas modos, saqué mi cajita de ardides para seleccionar el más efectivo cuando intento colarme en alguien pero no funcionó. Me pregunté cómo iba a mover aquel escudo hasta el sensor de mi cámara, enseguida la respuesta se paró delante de mí: Siurad.

Ella y yo hablamos mucho esa mañana, sobre todo de nuestro universo afectivo, en particular de nuestros padres. Y hablamos de amor y del suyo, del que ella siente por Roberto. Roberto tiene cincuenta años y desde los dieciséis empezó a escuchar rock a través de su hermano de quien además heredó a un gran amigo, David “el Ozzy” a quien dediqué el post anterior.

Su comienzo fue con Metallica cuando los californianos descargaron sobre él todo el heavy; por ser diferente en sus gustos y en la manera de pensar fue un incomprendido. En etapas muy complejas de su vida el espíritu del rock lo acompañó; me dijo que lo lleva en la sangre. Cuando escuchas a Roberto decir esto te das cuenta que no es una frase hecha, que además del plasma, glóbulos y plaquetas, su sangre contiene rock & roll. Siurad lo define como un friki radical.

El apellido de Siurad es Bosque y creo que no pudo encontrarse uno mejor porque ella es una persona que se desborda por todas partes. Se deshace en atenciones te conozca o no, te da aunque no tenga mucho y se emociona cuando habla de sus personas queridas. Me dice que a ella siempre le ha gustado romper esquemas y me habla de su gusto por los hombres con pelo largo y vestimenta friki. Pero los de verdad, no los frikis de temporada, como le dice Roberto a los que lo hacen sólo por moda, me dijo.

Mi abuelo fue mi inspiración, el día de tu exposición yo me paré delante de tu tocadiscos radiotecnica cerré los ojos y pude retroceder treinta años. Mi abuelo tenía uno y en su radiotecnica yo conocí a Schubert, a Chopin, a Mozart. Conocí a Gillespie, a Louis Armstrong también a la Gorda Fredy y a Vicentico Valdés… Pero conocí a Pink Floyd, a los Beatles, a Led Zeppelin.

Tenía entre ocho o nueve años un día que entré al cuarto donde mi abuelo escuchaba música y lo veo examinando una placa. Del tocadiscos empezó a salir la voz de un Mick Jagger fusionando sonidos latinos en un tema que se llama Sympathy for the Devil. Le pregunté: ¿abuelo quiénes son esos? Me dijo que era un grupo inglés, The Rolling Stones, que significaba piedras rodantes. Cuando le pregunté si ellos vendrían alguna vez a Cuba para ir a verlos me respondió: tú los vas a ver, yo no.

Aquel 25 de marzo de 2016 al lado de Roberto y delante de esas bestialidades, yo decía Dios mío, si yo hubiera tenido a Fernando lo hubiera traído aunque fuera en sillón de ruedas y es que mi abuelo fue mi inspiración, él fue el primer friki del que yo me enamoré.

En este punto, ya Siurad estaba llorando.

«Ser rockero nos ha hecho más humanos». Siurad y Roberto.

Bauta, agosto 2019.

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