Esta serie nace de la contemplación, Esta serie huele a lluvia.
La ciudad siempre tiene algo que ofrecerme nace de la atención a lo mínimo. No busco los hitos ni los gestos grandilocuentes, sino los restos, las pausas y las coincidencias que aparecen cuando camino sin apuro. Flores caídas, hojas secas, agua estancada, grietas donde crece algo.
En estos fragmentos la ciudad revela una forma íntima de belleza recordándome que incluso en lo gastado, lo olvidado o lo accidental, hay una posibilidad de encuentro, de belleza. La ciudad siempre tiene algo que ofrecerme cuando camino atento a sus márgenes. En lo que cae, se acumula o queda atrapado entre el cemento, encuentro fragmentos de belleza silenciosa. Estos registros son una forma de diálogo con la ciudad: un intercambio íntimo entre lo urbano y lo natural, entre el paso cotidiano y la contemplación.