Escribir esta crónica me ha llevado tiempo, decidirme a escribir sobre este personaje no ha sido fácil porque Jorge L. Hoyos, el Satan, es un camino largo. Antes de comenzar quiero darle las gracias por todo el apoyo que me ha dado desde el principio de esta aventura y por su amistad. Gracias, Satan.
Estamos en le año 1975, es más, estamos en octubre de 1975 y el Satan con apenas doce años va a la primera fiesta de rock. Justo han pasado cincuenta años. Fue amor a primera vista, me gustó la estridencia de las guitarras, me entró directo por las venas y se convirtió en mi vicio. Todavía había mucha música soul, aunque ya empezaba el disco pero también se escuchaba Aguas Claras, Grand Funk Railroad y por supuesto la triada, Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath. Cada dos cuadras había una fiesta y si a ti no te gustaba la música que ponían en una, pues seguro en la otra la encontrabas. Al principio era oyente pero después me entró el bichito de conocer, en aquella época no era como ahora, entonces tenías que zapatear la música, ir a casa de alguien que tuviera el disco o una gradabora para grabar. Yo tenía una libreta, no como Javier “el Copia”, que va, Javier es insustituible, pero apuntaba algunas dudas en ella. Era otra época, no como ahora que todo está ahí, fácil.
En el año ochenta y dos sale del servicio y empieza ya, sin pausa, como un largo y sostenido riff, la vida friki. Cuando yo re conecto ya habían hecho la recogida grande, a ellos no les cabía en la cabeza que esos muchachos educados en la escuelas de la revolución se comportaran de esa manera, tenía que ser obra del imperialismo que los había desviado ideológicamente, así que estuvieron meses en la “villa, con todos los gastos pagos» acusados de agentes del imperialismo.
A partir del mil novecientos ochenta y cinco empiezo a interesarme por las bandas cubanas, a tener sentido de pertenencia. Vienen los famosos conciertos de Venus en la Avenida del Puerto a partir del ochenta y seis. Aquello se llenaba, fue muy bonito. Ninguna banda cubana, que yo sepa, había logrado aquello, pero ellos lo lograron… Uno decía, hay concierto de Venus y venía gente de provincia y todo. Como siempre la represión era muy fuerte. No sé quién dijo: “Parece mentira que Boleros de Oro reúna cien o doscientas personas y los rockeros estos metan ahí cinco mil”. Y esto era por taquilla, porque luego estaban los que se colaban. Entonces parece que a alguien le dolió y bajo la justificación de contaminación sonora, lo suspendieron. Eso para mí fue un antes y un después, me imagino que también para una generación completa de rockeros. Antes la mayoría de los grupos cantaban en inglés, hacían covers, Venus rompió eso. Venus era repertorio completo en español y eso a mi me llegó como a mucha gente. Que tú oigas las canciones en tu idioma y sepas el mensaje, para mí eso siempre fue importante. Después, en le ochenta y ocho viene Zeus y el patio de María que fue en el ochenta y siete con la famosa bronca del día de la inauguración. Imagínate, la Timba, un barrio de tradiciones… corrió la sangre ese día, pero no llegó al rio. La bronca empezó entre dos frikis, que si yo soy hard rockero, que si tú eres trachero, que si esto no es música, que si esto es música… y ahí mismo la gente del barrio dijo, ellos la empiezan y nosotros la seguimos. Aquello fue una experiencia, asistir al primer Patio de María y salir corriendo como bola por tronera porque por poco me linchan. Después todo fluyó bien y el barrio nos aceptó.
Y bueno siempre del Patio para Cooppelia hasta el año noventa o noventa y uno y después nos espantaron y fuimos para G. Ah, y en el ochenta y siete estuvimos yendo a Regla, como dos meses, casi todos los días amanecíamos ahí pero un día metieron una recogida que yo creo que cargaron hasta con los perros del parque. Ahí fue donde conocí a Juan Carlos.
En el año noventa hice mi primer intento de fanzine pero no salió, nunca lo pude imprimir, se llamaba “Noise” y era una hoja A4 doblada a la mitad. En el noventa y dos si sale “oficialmente” el primer fanzine y voy a presentarlo a Caibarien. Imagínate tú, en Cuba nadie había hecho una revista independiente, un fanzine y de rock. Fue una bomba. Llevé como diez con la intención de venderlo, pero terminé regalandolos. Ese fue el primero de varios y cuando surge Punto G, la idea fue de Tony Gonzalez, ya en La Habana estaba el Scriptorium y en provincia habían muchos. En Pinar, Santa Clara, Camagüey, Holguin. A mi me encantaba el de Youre, de Banes, Arock con Frijoles, que era sobre la escena nacional.
El Satan fue promotor, primero de Metal Oscuro, trabajó en el Patio de Maria y después en la Madriguera.
Te voy a contar por qué me dicen Satan. En “J” estaba la iglesia bautista Willian Carey, allí había una pastora que con dos o tres empezaron a ir a Cooppelia a hacer proselitismo y a captar a los frikis. Al principio decían que el Señor aceptaba a todos por igual, no importa que tengan el pelo largo pero al mes aparecían pelados y con guayaberas. Un día vinieron a hablar conmigo y me insistieron tanto que les dije: mira compadre, basta ya con la muela cristiana esa que yo en lo que creo es en Satanas. A los pocos días se apareció en Cooppelia la pastora y me dijo: me dijeron que tú crees en el diablo, a lo que respondí, no, yo no creo en el diablo, yo soy el diablo, yo soy Satanas y formé la primera secta de Satán en Cuba siendo yo el sacerdote. La mujer se quitó el rosario y empezo a rezar. Se me quedó el mote y he tenido que arrastrar esa cruz para toda la vida…
El día de mi cumpleaños me preguntaron la edad y dije que cumplía 62 pero van a ser 666 más.
El Satan tiene muchas anécdotas que contar, algunas son duras, durísimas. Cuenta cómo a los frikis los pelaban y la historia del famoso “Franketain”, cuando la policía le fue a cortar su oscura melena él le dijo: Mira, yo estoy tan feo que si tú me pelas ya mejor me ahorco porque el pelo es la única cosa que me tapa a mi la feladad esta. El tipo era un lider en la frikanda, me dice el Satan.
Tu salías a descargar con tus amigos y a veces llevábamos un radiecito para coger la señal pero uno no podia estar tranquilo porque sabía que en cualquier momento llegaba la policía. Hubo un tiempo que nos reuníamos en el Quijote y hacían redadas, luego te metían una noche y al otro día te soltaban. Te decían vago, maricón, con los pelos largos esos parecen jebas, drogadicto… Lo primero era ofenderte. Una vez nos obligaron a bajarnos los pantalones, dicen ellos que para ver si teníamos droga y después de pedir que nos agacháramos dijeron ¡qué peste tienen todos los cochinos estos!
Después del 2010 la escena decayó. A veces voy a ver una banda nueva porque me queda el bichito ese, las bandas de provincia me interesan mucho, casi todas tocan temas propios. Aquí en La Habana no, es sobre todo cover, que no se los critico porque tú eres un músico y tienes que vivir de algo, del aire no puedes vivir, pero bueno, se está perdiendo la esencia del rock cubano.
Los 90 fueron increibles, el Período Especial es su apogeo pero fue cuando más grupos hubo en Cuba. Calidad, originalidad… fue la época pero no se puede vivir de esos recuerdos.
El Satan me visita con cierta frecuencia y en una de sus visitas me trae una bolsa llena de negativos. Delante de mí el scaner me va descubriendo un mundo pasado. El Hormiga, Migue de Oca, Tony el de Playa, Carlitos el Punk, el Satan… mucha gente está ahí, la frikandá en pleno. Se mueven lentamente dentro del negativo. Se ríen del mundo, son hermosos, me llegan sus risas desde el pasado y no puedo contener las lagrimas. Ni quiero.
Le pido una frase: “No se puede vencer a quien jamás se rinde”.
La Habana, octubre de 2025.